Mi historia
Gracias a Dios, llegué a formar parte de la Fundación PROMESA en el año 2011, gracias a mi mamá que me inscribió, cuando recién se estaba iniciando como CDI. En ese entonces yo tenía 9 años y no conocía mucho acerca de Dios ni podía imaginar el gran impacto que esta oportunidad tendría en mi vida.
Desde que ingresé a la Fundación, recibí muchos beneficios que fueron de gran ayuda para mí y para mi familia. Uno de los más importantes fue mi crecimiento espiritual. Desde niña participé de los diferentes temas y enseñanzas que nos compartían, y a medida que fui creciendo, también fui aprendiendo más acerca de Dios, de su amor y de su propósito para mi vida. Gracias a todo ello, hoy puedo decir con mucha alegría que soy parte de una familia espiritual que ha marcado profundamente mi vida.
Cuando era niña, los productos y alimentos que recibíamos a través del CDI fueron de mucha ayuda para mi familia, especialmente porque en ese tiempo no contábamos con buenos recursos económicos. Cada apoyo que recibíamos significaba una bendición y una muestra del amor de Dios hacia nosotros.
También tuve la oportunidad de acceder a revisiones médicas, algo muy importante para mí, ya que cerca de nuestra casa no contábamos con un centro de salud. Estas atenciones me ayudaron a cuidar mi salud y a conocer mejor cómo se encontraba mi cuerpo.
A medida que fui creciendo, la Fundación también me brindó la oportunidad de realizar una capacitación técnica. Elegí estudiar peluquería para damas y varones, y gracias a esta oportunidad pude terminar mi formación, obtener mi certificado y graduarme. Esta experiencia me enseñó que podía desarrollar mis habilidades y que tenía capacidades que podía utilizar para construir un mejor futuro.
Otra área que marcó mucho mi vida fue la música, especialmente el canto. Gracias a la formación que recibí, pude desarrollar este talento y posteriormente tuve la oportunidad de ingresar al ministerio de alabanza como corista. Por la gracia de Dios, hasta el día de hoy continúo sirviendo en este ministerio, algo que para mí representa una gran bendición.
Durante todos estos años, PROMESA ha sido parte importante de mi crecimiento y desarrollo. Lo que comenzó cuando tenía solamente 9 años se convirtió en una experiencia que transformó mi vida de una manera que nunca imaginé. Hoy, a mis 23 años, tengo la alegría de formar parte no solamente de la iglesia, sino también de la Fundación como educadora en el área de juventud. Además, tengo el privilegio de servir como líder en el ministerio dominical con niños de 6 a 8 años.
Mirando hacia atrás, puedo reconocer que Dios utilizó cada enseñanza, cada oportunidad, cada persona y cada apoyo recibido para formar parte de la mujer que hoy soy. Estoy profundamente agradecida porque PROMESA no solamente contribuyó a mi crecimiento personal, sino que también me ayudó a crecer espiritualmente, descubrir mis capacidades, desarrollar mis talentos y aprender a servir a Dios y a los demás.
Para mí, PROMESA significa crecimiento, desarrollo y potencial. Significa una oportunidad para descubrir que cada niño, niña y joven tiene un propósito, talentos y capacidades que pueden ser desarrollados cuando reciben amor, apoyo, formación y oportunidades.
Estoy agradecida con Dios por haberme permitido ser parte de esta familia desde mi niñez y por darme ahora la oportunidad de servir y devolver, con amor, parte de todo lo que un día recibí. Hoy puedo decir que PROMESA fue mucho más que una ayuda para mi familia: fue una semilla que Dios sembró en mi vida y que, con el paso de los años, dio frutos que jamás imaginé.
